Posteado por: MSR Galicia | 29/09/2009

Aldeas de piedra

Aldeas de piedra

Abandonadas a su suerte

Hombres y mujeres del olvido

Ojos secos de llorar frente a los fuegos.

Aldeas extendidas por los vastos continentes

Donde los nuestros han pisado.

Casas y árboles, plazas adoquinadas

Donde el acero se astilló de soles

Y los vientos y las lluvias pasaron

Dejando los recuerdos de una raza

De tristezas y de melancolías.


Aldeas de piedra

Y a veces también de barro

Porque en las llanuras sureñas

Solamente el barro existe

Devorándolo todo

Perros y banderas

Traidores y leales.

Aldeas al borde de los mares

En la cima de las sierras

A la vera de los caminos

En los valles

Junto a los caudalosos ríos.

Vacías aldeas que de hombres se vacían

Porque ya no son el eje ni el límite

De la milenaria identidad que nos legaron

Los más antiguos, los del espíritu grande y aguerrido.

Ya avanzan sobre torres y acueductos

Las máquinas, los proxenetas y asesinos

Las prostitutas, los miserables mercaderes

Del vacío, de la carne hueca. Los que horadan

Y destruyen las antiguas piedras, los lugares

Del pueblo, de los héroes, de las canciones.

Aldeas antiguas extendidas por la tierra

Española, lusitana, americana.

Mustias piedras en las ásperas alturas

Silencios de hombres sentenciosos

Duros como la piedra pero llenos de amor

Por la tierra perdida.

Mañanas de silencio y de trabajo

Domingos de reunión y de alegría

Tiempos de guerra o de paz

De lánguidas muertes, de partidas.

Tiempos de profunda raza tallada

Milenio tras milenio en la montaña

Y en medio de los mares

Porque las conquistas lo son antes

De sí mismos, y entonces hay que ir

Igual de callados en las proas

Que en las crudas madrugadas montañesas.

Los surcos trazados con acero

Los pasos dados detrás de las estrellas

Los cantos tristes que únicamente

Nuestra gente canta

Todo se va como una perdida consciencia

Arrancada de pronto de los tiempos.


Los llantos dignos son aquellos silenciosos

Como las breves lluvias que sorprenden

A los caminantes abrazándolos.

Todos se van y los llantos quedan

Durmiendo en la rueda del tiempo

Aguardando el retorno de la sangre

A la tierra ardua y silenciosa.

En las aldeas de piedra nadie teme morir

Por eso los que quedan entran en la muerte

Lo hacen callados, o hablando de las mismas cosas

Sencillas, de las que hablaron años.

Los soles y los vientos emparejan

La superficie de la historia y los milenios.

Las distancias se fraccionan, y ya no somos parte

De lo mismo, de la misma voluntad identitaria

Del poder circunspecto de la estirpe.

Todo ha cambiado, se ha destruido

Lo material y lo inmaterial

Un dolor mineral nos agobia

Un eclipse de lobos

Una ausencia de pájaros

Una muerte de árboles

Secos a fuerza de soledades.

Pero nada es inútil ni intrascendente

Vendrán los dioses que nunca se han ido

Vendrán los hombres hechos de furia contenida

Y nos devolverán nuestro viejo mundo muerto

Para darle nueva vida. Podemos esperar.

Para eso hay un cielo y hay estrellas

Para eso hay vertientes escondidas.

Sólo hay que pasar esta quietud

Este misterio de olvido y soledades.

En las aldeas de piedra

El sol que seca el dolor

Y el agua que lleva a los hombres

La vida, que volverá siguiendo el rastro

De nuestro último silencio.

***

Juan Pablo Vitali

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